La actividad empresarial va asociada directamente a los beneficios sociales que aporta, ya sea de manera expresa y voluntaria o incluso sin pretenderlo. Toda empresa "sana" que genera puestos de trabajos directos e indirectos es fuente de riqueza social, más allá de los beneficios que generen sus productos y servicios a sus usuarios y a la propia empresa y sus accionistas. Estos beneficios podrán ser reinvertidos en la empresa para asegurar su crecimiento y seguir generando riqueza, y se convertirán en manos de sus receptores, junto a los salarios percibidos por sus colaboradores, en fuente de consumo, además de aportar ingresos a la administración para contribuir al desarrollo económico del municipio, región o país, socializándose así la riqueza generada. No olvidemos que una empresa existe para producir mercancías o servicios que la sociedad desea y necesita (además de beneficios) y ello en un clima de estabilidad y confianza. El cumplimiento de este objetivo es su primera y principal responsabilidad. Si fracasa en esta misión, no puede esperarse que asuma otras.
El contexto actual en el que se desenvuelven las organizaciones exige que la empresa se convierta en un agente para el beneficio de la sociedad, a través de la incorporación de la Responsabilidad Social como una filosofía dentro de la cultura organizacional, en la que el éxito empresarial implica ir más allá de los buenos resultados económicos. Para la sociedad actual, las empresas son responsables, también, por el desarrollo Social y Ambiental así como del reporte de sus resultados en estos aspectos.

